Dr. Mariano Álvarez Álvarez cumple 100 años: pionero de la cardiología oriental, constructor de instituciones y sembrador de generaciones
Este 15 de noviembre de 2025, la comunidad médica venezolana celebra el centenario del Dr. Mariano Álvarez Álvarez, figura emblemática de la cardiología nacional y arquitecto de la atención cardiovascular en el oriente del país. Su legado, tejido entre ciencia, ética y servicio, sigue latiendo en cada hospital, cada jornada académica y cada profesional que formó.
Nacido en Quito en 1925, el Dr. Álvarez destacó desde joven por su liderazgo académico y su pasión por las letras. Fundador de la revista “Sístole” en la Universidad Central del Ecuador, obtuvo su título médico con honores y revalidó en Venezuela en 1957. Su formación como cardiólogo la realizó en el Hospital Universitario de Caracas y una maestría en cardiología en la University of London.
Su historia de amor con María Dolores Victoria Sánchez, iniciada en un barco entre Cádiz y La Guaira, marcó el inicio de una vida compartida entre medicina y familia. Juntos construyeron hogar y misión, desde Caracas pasando por Valera, Trujillo, los andes venezolanos hasta Maturín, donde el Dr. Álvarez fundó el Servicio de Cardiología del Hospital “Dr. Manuel Núñez Tovar” en 1963.
Con apenas un electrocardiógrafo portátil y un equipo mínimo, el Dr. Álvarez transformó la atención cardiológica en Monagas. Fundó redes secundarias en Caripe, Caripito y Punta de Mata, implementó autopsias segmentarias y reuniones anatomo clínicas y convirtió el hospital en escuela de excelencia médica.
Académico, gremialista y visionario fue organizador de las Jornadas Médico-Quirúrgicas de Monagas y presidente del VII Congreso Venezolano de Cardiología (1972), impulsó la primera Unidad de Cuidados Coronarios del oriente venezolano. Fue líder del Capítulo Sub-Oriental de la Sociedad Venezolana de Cardiología y miembro fundador del Comité Venezolano de Hipertensión Arterial.
Letras, historia y memoria médica lo hicieron fundar La Hoja Médica y la Revista del Centro Médico de Maturín, publicó obras históricas sobre la medicina en Monagas. Fue Individuo de Número de la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina y Miembro Correspondiente de la Academia Nacional de Medicina.
Su humanismo en acción se plasmo con diferentes actividades: Desde el Rotary Club de Maturín, promovió la Casa de la Cultura y fundó ASOCOR, ONG clave en la lucha contra las enfermedades cardiovasculares. Su compromiso social lo llevó también al ámbito público como concejal suplente y vicepresidente de la Sociedad Bolivariana de Venezuela – Seccional Monagas.
Un corazón que sigue latiendo. Al cumplir 100 años, su legado trasciende generaciones y geografías. Su vida es testimonio de que la medicina, cuando se ejerce con vocación y humanidad, transforma sociedades y aun expresa su lucidez de alma a través de dos mensajes muy claros cuando le preguntamos:
¿Que se necesita para ser un pionero incansable de la organización asistencial, gremial y de la formación cardiológica? Se necesita visión, disciplina y amor por la gente. Un pionero no trabaja para el aplauso si no para abrir caminos donde antes no los había. Hay que tener el coraje de organizar cuando toda falta, de ensenar cuando nadie escucha y de servir cuando otros descansan, eso es ser pionero. Sembrar sin esperar cosecha inmediata, sabiendo que algún día otros recogerán los frutos.
¿Qué mensaje les daría a las nuevas generaciones de cardiólogos que los pueda ayudar a seguir sus pasos?
Nunca olviden que el corazón no solo se trata, también se escucha. La tecnología cambia, pero la esencia del médico sigue siendo la misma, servir con empatía, con ética y con alegría. Sean curiosos, sean maestros y nunca pierdan la capacidad de asombro ni el respeto por la vida, solo así, la cardiología seguirá siendo ciencia, pero también humanidad.