| Archivo | Acción |
|---|---|
| 05. Farina J (28-31)..pdf | Descargar |
La enfermedad por corona virus 2019 (COVID-19) ha alterado de manera sustancial la práctica deportiva de aquellas personas que realizan actividad física ya sea de manera competitiva o recreativa (1). La presente editorial intentará analizar y resumir la evidencia disponible con relación con el vínculo existente entre la práctica deportiva y el COVID-19 en pacientes adultos, haciendo foco en las recomendaciones actuales para el reinicio de la actividad física tras una infección por SARS-CoV-2.
Como concepto introductorio, diversas publicaciones han evidenciado que el sedentarismo es un factor de riesgo asociado a cuadros de COVID-19 de mayor gravedad: por lo tanto, la práctica habitual de actividad física asume un rol protector ante una potencial infección (2,3 ). Este hecho, sumado a los ya conocidos efectos nocivos del sedentarismo sobre la salud cardiovascular, resalta la importancia de mantener la actividad física aún en tiempos de pandemia.
Sin embargo, múltiples investigaciones han identificado un aumento significativo y alarmante del sedentarismo durante la pandemia (4 ). En pacientes que no han sufrido una infección por SARS-CoV-2, la disminución de la actividad deportiva parece relacionarse directamente con factores sociales como períodos de confinamiento que conllevan prohibiciones, suspensiones y limitaciones (4). En pacientes que han sufrido un cuadro de COVID-19, además, se agrega el temor a las consecuencias cardiovasculares del COVID-19 y al potencial riesgo de retomar la actividad física tras una infección (1) .
De hecho, la aparición de miocarditis pos infección por SARS-CoV-2 en población físicamente activa ha despertado (y aún despierta) gran interés, ya que la injuria miocárdica puede ser exacerbada por el esfuerzo físico y ante estos cuadros el reposo es mandatorio para prevenir potenciales complicaciones (5 ). En resumen, la necesidad de mantener y no abandonar la actividad deportiva Avances Cardiol 29 FARINA J, ET AL muchas veces se contrapone con la obligación de proteger a esta población ante los potenciales efectos deletéreos del SARS-CoV-2.