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El pericardio, es una membrana serosa que cubre al corazón, está formada por dos capas: el pericardio visceral y el pericardio parietal. Entre ambas capas existe un espacio virtual con 30 mL de líquido aproximadamente, el cual, en condiciones normales, es claro y translúcido. Sin embargo, en ocasiones, este líquido puede aumentar de forma llamativa y dificultar la motilidad cardíaca, en cuyo caso es útil la
pericardiocentesis como técnica de elección para el drenaje del mismo de forma diagnostica y/o terapéutica. Está indicada en casos como derrame pericárdico severo y taponamiento cardíaco. Se ha descrito como contraindicación absoluta la presencia de disección aórtica. Además, para su realización se requiere de una adecuada preparación por parte del personal de salud, que garantice el éxito de la técnica y disminución de las probabilidades de complicaciones. Actualmente se realiza en conjunto con métodos como el electrocardiograma de superficie, la ecografía, la radiología hemodinámica, los cuales facilitan el acceso a la cavidad pericárdica. Dentro de las complicaciones que puede generar este procedimiento se describen la punción ventricular o auricular, arritmias, hemopericardio traumático, la perforación gástrica, colónica o hepática, el hemoperitoneo y el hematoma hepático. Hoy en día la pericardiocentesis sigue siendo una técnica de gran utilidad para el cardiólogo clínico en el diagnóstico y tratamiento de
patologías pericárdicas.
Palabras clave: Pericardiocentesis, pericardio, taponamiento cardíaco.